lunes, 17 de octubre de 2011

Agua en garganta de sal.

Reconozco la frontera que hay entre mi piel y el aire, y el espacio que mis venas le reservan a mi sangre. Los olores, los colores el sabor de su saliva, los silencios, sus caricias son ventanas siempre abiertas para inyectarme la vida. Estar siempre en movimiento de un lugar a otro lugar, me declaro un extranjero con vocación de aprendiz, de mecánico de sueños de cómo seguir viviendo sabiendo que he de morir. No encontré credos fiables no mas que el mar o que el fuego, vengan desde donde vengan todos me ofrecen el cielo, como si fueran los dueños.
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