Había una vez una niña de dos años, su nombre era Wendy Moira Angela Darling, pero todos la llamaban Wendy. Un día jugando en el jardín, cogió unas florecillas y se las llevo corriendo a su mamá. Ella la miró dulcemente y exclamó ¿Por qué no puedes quedarte así para siempre? Entonces Wendy comprendió que no podía tener dos años el resto de su vida. Dos es el principio del fin, y el fin es comenzar a crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario