Si tomas entre tus dedos la palabra amor, y la contemplas de derecho a revés, y de arriba a abajo, verás que está hecha de algodón, de niebla y de dulzura. Si después aprisionas la palabra música, sentirás entre tus dedos el crujir de una frágil lámina de arena. Si cae entre tus manos la palabra jamás, la terrible palabra que pone final a la pasión y al destino, sentirás que está llena de infinito, y que la serpiente inmóvil de la S es un elsabón entre el fuego y la nieve, entre el infierno y el cielo, entre el amor y la música. La palabra jamás con ese final no termina nunca; rodea la Tierra y salta luego, perdiendose en el océano de las estrellas.
Raquel.
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