domingo, 16 de octubre de 2011
Apaga el televisor, enciende el cerebro.
Un día, soñé, que los niños en Palestina podían dormir sin miedo a no volver a despertar. Soñé con un mundo sin corrupción, hambre y miseria. Donde ninguna mujer tenía miedo a volver a ser golpeada por su pareja. Un lugar donde los alumnos de un instituto no temían ser humillados por sus compañeros. Donde no tuvieran que existir las armas. Un mundo sin robos, asesinatos y atentados. Donde no hubiese ansia de poder, ni de dinero. Donde los bosques no eran talados continuamente, y los ríos estaban limpios. Un sueño en el que las ídeas políticas no eran motivo de conflicto, ni , por supuesto, de guerra. Si, un sitio en el que realmente, como explican los cuentos, la belleza interior si se considerase lo más importante. Un sueño, en el que todos tenían las mismas oportunidades, y podían cumplir su sueño sin temer a discriminaciones, un mundo en el que nadie dudaba que todos somos iguales, si, negros, blancos, homosexuales, heterosexuales , cristianos, musulmanes, ateos, en definitiva, PERSONAS. Un sueño bonito pensé, lástima que solo fuera eso, un sueño.
Raquel.
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